7 mitos sobre el duelo


El duelo en general y el gestacional en concreto, están plagados de mitos que han perdurado a través del tiempo y que nos hacen tener una idea errónea de lo que es estar en duelo. Por eso, muchas veces, decimos que si no has perdido un hijo es muy probable que no sepas o puedas ponerte en la situación de la mamá que tienes delante, que está contándote su pérdida y a la que seguramente intentarás consolar echando mano al directorio de frases populares.
En esta entrada hemos querido destacar 7 mitos sobre el duelo gestacional (algunos aplicables al duelo general) y explicar por qué no son verdad:

  • Ignorándolo se pasa rápido

”si no lo pienso poco a poco me olvidaré”

El duelo es una herida psicológica que se abre tras una pérdida. ¿A quién no le han dicho eso de: cuanto menos lo pienses mejor? Y puede parecer una buena estrategia,”si no lo pienso poco a poco me olvidaré”. Vamos a ver por qué no solo es una mala idea sino que es contraproducente:

-El duelo provoca muchas emociones y al ignorarlas hacemos que el tiempo de cicatrización de esa herida se alargue.
-Un duelo no elaborado de forma adecuada se relaciona directamente con procesos más largos y dolorosos. -Por mucho que lo queramos enterrar, siempre, siempre acaba saliendo y puede desencadenar otros problemas de índole psicológica.

Prestar atención a lo que nos ocurre y sentir el apoyo del entorno social nos ayudará a mejorar progresivamente. Nadie dijo que fuera fácil, ni rápido: integrar todo el dolor y emociones para elaborar un duelo sano es una ardua tarea pero muy necesaria.

Qué podemos hacer desde fuera? Apoyar sin tener en cuenta el tiempo que requiera.

  • El tiempo lo cura todo

Tan mentira es decir que el tiempo lo cura todo como decir que el duelo dura un año, ambos mitos muy extendidos y comunes por lo que seguro que en más de una ocasión nos los han referido.

Hay que saber que no hay un marco de tiempo correcto o incorrecto para el duelo. La duración es variable y diferente de una persona a otra y pueden pasar meses e incluso años antes de poder decir que hemos «superado» el duelo. Si bien es cierto que cuando se cumplen esas fechas importantes por primera vez es el momento más duro, no podemos afirmar que esa primera etapa sea la peor ya que, pese a que la gran mayoría de personas elaboran el duelo de una forma sana, existen otras que no y algunos síntomas pueden persistir y agudizarse pese a que el tiempo transcurra.

En referencia a que el tiempo todo lo cura, debemos tener en cuenta que el duelo es una respuesta adaptativa, es decir, no es algo que se tenga que superar sino algo con lo que aprendemos a vivir a medida que nos adaptamos gradualmente a la nueva situación. El duelo se suaviza, pero puede volver a visitarnos aunque esto no quiere decir que vayamos a estar en duelo toda la vida. El paso del tiempo permite sobrellevar la pérdida si contamos con el apoyo de nuestro entorno social y si nosotras mismas trabajamos conscientemente para adaptarnos.

EN RESUMEN: el paso del tiempo no es suficiente para que todo pase: elaborar el duelo + tiempo, esa sí es la receta ganadora.

  • Duelo = depresión

Antes de entrar a diferenciar duelo y depresión, debemos ser conscientes de que el duelo no es una enfermedad que deba tratarse, sino un estado de adaptación después de un cambio de situación.
Dicho esto, el duelo se caracteriza por un estado de tristeza y apatía que siguen a una pérdida emocional de la que el individuo es consciente (aunque a veces no se ve la conexión entre la pérdida y el estado emocional, por eso es importante saber que el duelo puede provocar tristeza, labilidad emocional, irá, desconcierto… emociones que es normal sentir y que son consecuencia del choque tras la pérdida y el proceso adaptativo, emociones que hemos de permitirnos sentir). Una pérdida que puede ser de una persona querida, un lugar, una actividad, de unos ideales intelectuales o incluso la pérdida de libertad y capacidades. Esto lleva a renunciar lentamente a todas las satisfacciones, deseos y esperanzas que estaban ligados a lo que se ha perdido (de allí el sentimiento de un mundo empobrecido y profunda tristeza: una fuente importante de vitalidad, motivación e interés se ha ido de su vida). El duelo se desvanece lentamente con tiempo, trabajo personal y apoyo del entorno y, como anteriormente hemos mencionado, puede durar meses o años, pero ojo, si la intensidad de la tristeza y apatía persisten al cabo de los años podríamos estar frente a un duelo patológico.

La depresión, por otro lado, se asemeja en síntomas al duelo pero se diferencia en que es un trastorno de salud mental en que el individuo no es consiente de lo que ha perdido o lo que ha generado ese estado y no comprende por qué se siente como se siente. Le sucede algo (sin motivo aparente o que justifique la intensidad del sufrimiento) que le invade la mente y frente a lo que se siente impotente. A diferencia del duelo, la depresión no mejora con el tiempo ya que, como no se tiene consciencia de lo que está causando la depresión, no se puede emprender el largo trabajo de elaboración de los sentimientos que termina por resolver los duelos; por lo tanto, las depresiones tienden a cronificarse si no son tratadas.
Al igual que la depresión, el duelo puede resultar incapacitante al principio tanto a nivel mental como físico y es por eso que consideramos que tras una pérdida gestacional debería concederse una baja temporal por duelo y dejar de llamarlo depresión o ansiedad como suele hacerse. Para lograr cambios a nivel social debemos llamar a las cosas por su nombre, solo así lograremos que el duelo gestacional y perinatal deje de ser un tabú y sea plenamente reconocido, aceptado y respetado.

  • Las semanas de gestación determinan el nivel de dolor

No solo duele la pérdida, duele toda la historia que hay detrás de esa pérdida.

El dolor que provoca una muerte gestacional no se puede poner en una escalera. A menudo se piensa que las semanas de gestación influyen directamente en esa escala imaginaria: a más semanas, más dolor por lo que una pérdida temprana sería menos dolorosa que una casi a término. Esto no solo es falso, sino que es un mito muy extendido que sigue vigente a día de hoy y que provoca que cualquier madre sea juzgada, ya que siempre hay alguien a quien le ha pasado después y la sabiduría popular dice que después es aún peor.
Las semanas de gestación no influyen por algo muy sencillo: no solo duele la pérdida, duele toda la historia que hay detrás de esa pérdida, además de que cada persona gestiona de manera diferente.

Por eso conviene desterrar de nuestra idea de consolar a estas mujeres frases como «mejor ahora que más adelante» o «mejor ahora que no le has conocido» porque además de ser hirientes pueden percibirse como que la mamá en duelo está exagerando y no debería estar tan afectada.

La muerte gestacional puede marcar en nuestras vidas un antes y un después, jamás, ninguna pérdida por pronto que sea será «nada». Es nuestra responsabilidad cambiar el discurso establecido: todas las pérdidas son importantes y todos los bebés nacen, con 40 sdg y con 8.

  • Otro hijo cierra el ciclo

Tener un hijo después de la pérdida, no significa que hayamos cerrado el capítulo del duelo en nuestras vidas.

Es muy común usar (y que nos digan) frases como “en un año estás aquí con un bebé en brazos” asumiendo dos cosas: que en un año habrás pasado el duelo y que otro hijo será la solución a tus problemas, asumiendo de paso que quieres tener otro.
Un hijo no se substituye, son únicos, irremplazables, por lo que tener otro no cubre esa pérdida, es más, la creencia de que es así puede hacer que muchas parejas se precipiten y dejen de cuidar aspectos de su duelo creyendo que todo terminará cuando oigan llorar a su bebé arcoíris, pero el objetivo de superar este duelo no es tener los brazos llenos, sino integrarlo y ser capaces de seguir adelante por nosotras mismas.

  • No puedes pasar un duelo si no has conocido a esa persona

Cuando hablamos de duelo gestacional muchas veces salta el mismo comentario o cuestión: mejor ahora que no le conocías.
Si bien es cierto que la muerte de las personas nos afecta en proporción a la cercanía que teníamos con ellos, con la muerte gestacional eso no pasa: no lo has conocido, ni su forma de ser, ni su voz, ni has compartido momentos, pero es que ese duelo no es solo por la pérdida de esa persona, sino de todo lo que se había construido alrededor. No echarás de menos su voz, te dolerá no haber tenido la oportunidad de escucharla, ni su carácter porque nunca lo conocerás y eso es lo que más duele, no tener la oportunidad de conocer cada aspecto de tu hija o hijo.
Una pérdida gestacional implica la pérdida de un futuro planeado, una maternidad deseada. Podrás tener otras, pero nunca volverá a ser esa ya que un hijo no se reemplaza.
Por eso es importante validar los sentimientos de esas familias, necesitan expresar su dolor sin miedo a sentirse juzgados. Recuerda: una madre que te explica lo mal que se siente por haber perdido a su bebé no necesita consejos, necesita que la escuchen y apoyen.

  • La meta de pasar el duelo es olvidar y seguir adelante

Resolver el duelo no es olvidar lo que ha pasado, es integrarlo y asumirlo para poder convivir con él sin que nos afecte en nuestro día a día. Seguir adelante tampoco implica olvidar, tu vida ha de continuar pero no por ello has de hacer como si nada hubiese pasado, al fin y al cabo resolverlo es transformar el vínculo que tenemos con la persona que nos falta, el cual pasa a ser íntimo en forma de recuerdos.

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