Mi Nombre

Y por qué debes preguntar por él

¡Hola!

No se si nos conoceremos tú y yo…

La verdad, no se nada. Ni si me parezco más a papá o a mamá.

Ni qué tiempo tengo, ni de qué color es la habitación que me han preparado.

¡Sólo soy un bebé!

Pero por favor, no me subestimes. Soy alguien importante, ¡lo noto!

Y aunque sea pequeñito y no vaya a saber lo que es mirar a mi madre a los ojos, hay algo que sé desde que llegué aquí…

Que me quiere.

Lo sé por cómo late su corazón.

Lo sé por cómo suena su voz cuando me canta.

Lo sé por lo mucho que le ha costado tomar esta decisión.

Por cómo llora. Por lo dulce que suena mi nombre.

Tengo un nombre y ese nombre me da un lugar en mi família. Que me hace real para gente como tú, a la que no he podido conocer.

No voy a tener la oportunidad de hacerme mayor con ella, pero sí voy a poder crecer en el corazón de cada persona que conozca mi nombre.

Todos tenemos un nombre, también nuestros hijos aunque hayan fallecido.

Un nombre te da un lugar, un reconocimiento y en los casos de muerte gestacional se recomienda dar uno a ese bebé aunque no le vayamos a ver crecer. No hace falta un nombre al uso si no teníamos pensado ninguno, podemos seguir llamándole de la forma cariñosa en que lo hacíamos: bichito, bolita, peladilla… hay muchos bebés a los que en el momento de la muerte ya se les decía por su nombre, y eso es recomendable que siga siendo así.

Y sí, preguntarle a la mamá por el nombre de su hijo es siempre un gran acierto, ya que le hacemos presente y dejamos patente que ese bebé nos importa, ya que el primer paso para conocer a alguien es saber su nombre.

Pero, si no lo veremos crecer, ¿Cómo vamos a conocerle?
A través de su mamá, de su papá, de sus hermanos… y cuando veamos cuánto amor hay, nos daremos cuenta de lo real que fue y la inmensa huella que ha dejado en sus vidas.
Y tu bebé, ¿Cómo se llama?

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