la leyenda de

Jizō

Jizo o warabe jizo: el guardián de los niños

El origen del nombre de nuestros saquitos.

Jizō (En Japonés), Ksitigarbha (En Sánscrito), es una de las deidades budistas que gozan de mayor popularidad en Japón. Se trata de la representación del bodhisattva Jizo Bosatsu, deidad protectora de los niños y los viajeros en la tradición budista.

Hay muchos tipos de Jizo, unos sonrien, otros no y la mayoría reposan pacientemente en las entradas de los cementerios vestidos con gorros y baberos rojos. A veces se esconden entre la vegetación o nos miran des de la orilla de los caminos y cruces de carretera, vigilando a los viajeros (como el que aparece al principio de la película El Viaje de Chihiro).

Vamos a hablar de los primeros, los que encontramos en cementerios. 

El Viaje de Chihiro (2001) dirigida por Hayao Miyazaki y producida por Studio Ghibli.
¿Sabías que cada uno representa a un niño?
Imagen procedente de un cómic japonés.

Hay una creencia que dice que las almas de los bebés que no han podido nacer vivos y los niños pequeños que han muerto de forma prematura caen condenados al cauce seco y sombrío del río Sanzu (Sanzu-no-kawa), desde el que se cruza a la otra vida. Dichas almas están destinadas cruelmente a esta especie de purgatorio en el que abundan los demonios y otras criaturas maléficas debido a que aún no han acumulado buenas acciones con las que ganarse estar en el otro lado y además han ocasionado, sin quererlo, una pena enorme a sus padres. Allí los bebés piden compasión a Buda para que les deje cruzar el río y así poder ser felices definitivamente. Por ello forman montoncitos con piedras como ruego al Maestro y así poner fin al tormento que comparten con los demás niños. Pero por las noches, aparecen los demonios asustándoles, destrozando sus torres de piedras y provocando las lágrimas de desesperación de los pequeños.

Pero es ahí donde aparece Jizō ayudándolos a paliar el sufrimiento. En el caso de los niños caídos en la orilla del Sanzu, él les ayuda enfrentándose a los espíritus del mal que les perturban, secándoles las lágrimas y escondiéndoles bajo sus mangas cruza con ellos un río que por sí mismos no podrían. Entonces este héroe protector devuelve su sonrisa a los inocentes que ponen fin a la desgracia de la orilla seca del Sanzu.

Estos niños son conocidos como Mizuko, que quiere decir “niños del agua”, debido precisamente a esta historia del río y los demonios.

Las estatuas de Jizo como deidad protectora de los niños y la maternidad se encuentran en muchos templos budistas y son ofrendas de padres, tanto de aquellos felices por haber conseguido la curación de su hijo de una grave enfermedad, por ejemplo, que agradecen la intervención del bodhisattva colocando una pequeña estatua en el templo, así como también lo hacen aquellos que lloran la muerte de sus hijos y piden el favor de la deidad para que cuide el alma de su hijo fallecido. Es decir, que no siempre que veas una de estas estatuillas tienes que pensar que ha habido alguna desgracia familiar que implique a un niño pero en muchas ocasiones, sobre todo cuando veas ciertas ofrendas, sí que se te encoge un poco el corazón al mirar a estas pequeñas estatuas.

Como parte de esa conexión con esa estatua de Jizo, los padres ofrecen gorros y bufandas de lana a las estatuas para que no pasen frío. También les ofrecen baberos para que no se manchen con las ofrendas de comida o snacks que les hacen y además pequeños juguetes o artículos infantiles, de los preferidos por los hijos fallecidos. Los gorros, las bufandas y los baberos suelen ser de color rojo porque en Japón se cree que el rojo es el color que permite alejar a los demonios y las enfermedades.

Asimismo, también se cree que, para tener una mejor vida en su siguiente ciclo vital, hay que ir apilando pequeñas piedras, como haciendo una especie de montaña para poder cruzar el río Sanzu y escapar así de ese limbo o purgatorio. Ésa es la razón por la que es frecuente que los padres que han sufrido una pérdida apilen pequeñas piedras cerca del Jizo, a modo de plegaria, rezando para que esta deidad cuide y ayude a su hijo.

warabe jizo: de apariencia infantil

A menudo las estatuas tienen una apariencia infantil, son los llamados Warabe Jizo, ya que warabe significa niño en japonés antiguo.

Por toda esta simbología decidimos llamar a nuestros saquitos así, ya que buscábamos algo con lo que tanto nosotras como los padres nos pudiéramos sentir identificados y ¿qué mejor que una deidad dedicada al cuidado de los más indefensos? Nuestros brazos no pueden arroparles, quizás encuentren consuelo bajo la capa de Jizo y puedan ser felices definitivamente.

No podré llegar a ser Buda hasta que vacíe todos los infiernos y salve a todos los seres – Jizo

Información extraída de:
Kirainet
El Rincón de Sele
Japonismo